Recuerdo que era noviembre de 2019. Estaba leyendo mi libro de Kafka y pensando en su vida, en cómo, a pesar del paso del tiempo, muchas cosas siguen pareciéndose a nuestra realidad. Los hallazgos, las dificultades, las luchas internas… Es como mi esposo y yo solemos decir: solo cambian los personajes, pero la vida continúa con los mismos conflictos, solo que con distintos villanos.
Ese mismo día recibí un mensaje del equipo de marketing de Café Veloz invitándome a formar parte de una exhibición: mis ilustraciones serían utilizadas en uno de los empaques de café de la marca. Para mí, esto representaba no solo una colaboración creativa, sino una puerta de entrada al mercado y una oportunidad de visibilidad a nivel nacional.
La marca realizó un lanzamiento oficial en Quito con los empaques ilustrados por varias artistas, entre ellas yo. Aunque no pude asistir debido a los primeros casos de COVID-19 y la incertidumbre que comenzaba a vivirse a nivel mundial, el proyecto marcó un hito en mi trayectoria.
Ser parte de esta iniciativa en un año tan complejo confirmó que mi trabajo tenía un espacio en la industria y que mi propuesta visual podía dialogar con marcas consolidadas. Fue una experiencia clave para fortalecer mi posicionamiento profesional y ampliar el alcance de mi trabajo.

